¡Ah! Esas vacaciones de la infancia en las que te tirabas dos meses en un pueblo remoto, aislado de la civilización, con días largos como los bocadillos de jamón reseco sin margarina que merendabas a diario, porque el súper era una mierda hueca con cuatro latas dentro. En fin, ahora recordamos aquello con nostalgia, idealizado por ese gran Berlusconi que maneja nuestra memoria, pero el 90 por ciento de lo que realmente pasaba se podría resumir en grillos, aburrimiento y mercromina. Sin embargo, las cosas han cambiado y en breve, como cada mes de agosto, te irás diez días a ese maravilloso lugar llamado Overbooking de Mar, un precioso pueblo de la costa que en verano centuplica su población y el precio del pan, y cuyo Ayuntamiento monta el último día una paella gigante con peyote para que la gente olvide el agobio de andar con las manos pegadas al cuerpo. Quizá sea este el momento de que valores alternativas a tu idea de unas buenas vacaciones. "E...
La diversión va por dentro