Aquarius lleva quince kilómetros a buen ritmo y sólo son las 10 de la mañana. Todo ha comenzado poco después del alba. Flavia Calzzone se ha despertado con el ánimo positivo y muchas ganas de hacer cosas. Con un subidón, vaya. Rápidamente ha ordenado a su esclavo repartir papelitos entre las amistades mostrando su nuevo estado. Uno por uno, los integrantes de su círculo social han ido recibiendo la notas del cada vez más sudoroso Aquarius y, para expresar su agrado, uno por uno, también, han grabado en su espalda con un hierro candente la silueta de un pulgar en alto. Tras el décimo "Ego placet", el lacayo sin sueldo ha comenzado a valorar los inconvenientes de tener una dueña tan enrollada. Por fortuna era el último. De vuelta a casa, Aquarius ha tenido tiempo para reflexionar en la paradoja del pulgar. Un primo suyo le repetía siempre, antes de que los apresaran como esclavos, que de mayor querría trabajar en un circo. El pobre terminó como gladiador de segunda en e...
La diversión va por dentro