En esto de la plancha no hay leyes, pero sí una regla no escrita que nos libera de planchar lo que es de dominio privado. Es decir, ropa interior y de cama. Vamos a por la bestia negra de la plancha: las camisas. Lo ideal sería realizar un by pass entre la secadora y el armario. En este sentido, es importante ejercitar la observación al ir de compras: busca en las etiquetas la frase “NO IRON“, porque eso significa que no hace falta plancharlas (no vale pegar la etiqueta en camisas viejas). Otra opción consiste en demorar al máximo su lavado, portando siempre un polo de cuello alto bajo la camisa. Esta alternativa vivió su máximo apogeo en los ochenta (cita requerida). Si a pesar de todo no te queda más remedio que plancharla, continúa leyendo. PLANCHAR UNA CAMISA Si te vas a poner un jersey encima ya tienes casi todo el trabajo hecho, porque sólo tienes que centrarte en el cuello. Un maniquí constituye otra opción a tener en cuenta, porque es mucho más fácil colocarle la ...
La diversión va por dentro