Es Pascua. Una familia tradicional comparte una deliciosa Lasaña de pato que, aunque nadie lo sepa, incluye pollo. Todo parece transcurrir con normalidad hasta que, en un momento determinado, el padre golpea furioso la mesa, conminando a sus hijos a que dejen en paz el dichoso móvil. Los chavales, dos adolescentes capaces de comer con cara de asco y, al mismo tiempo, teclear ocurrentes y simpáticos mensajes, pactan una alianza transitoria para derrotar al tirano que los engendró y alimenta con el sudor de su axila. Sin demora, comienzan a lanzar andanadas de improperios, amenazas geriátricas y coloridos desplantes que terminan por colocar al padre en su punto de ebullición óptimo. El hombre no lo dice, pero es consciente de que cinco minutos atrás estaban todos mucho más tranquilos. La madre también lo piensa, pero como hoy toca mantecao prefiere callar. "Teclear mensajitos por el móvil mientras se concede la extremaunción se considera un falta de respeto" Todo t...
La diversión va por dentro