Debemos unirnos todas las criaturas de la tierra para, unas en la jaula del laboratorio y otros en la terraza del bar, intentar erradicar la enfermedad y las arrugas de nuestra vida. Sin embargo, y a pesar del cuidado que ponen algunos laboratorios en subsanar los fallos a base de sobornos, la mayoría de remedios incorporan letra pequeña, más conocida como letrina. Ahí, junto a la composición e indicaciones, se detallan una serie de efectos adversos con un estilo propio de Stephen King. ¿Pero, de dónde sale esa lista? Uno de los actores más importantes en el proceso que supone la investigación de un fármaco, hasta que llega a nuestro botiquín, es el voluntario que por una mísera cantidad de dinero se ofrece como conejillo de indias. De sus convulsiones han nacido fármacos milagrosos, pero también especies nuevas que, para disimular, los científicos dicen haber descubierto en una isla de Borneo; pero no, se llaman Juan Sinblanca y ahora sólo digieren la caña de bambú. Pensando ...
La diversión va por dentro