El esoterismo es la posición mental que
precede a la bancarrota social, cuando las amistades dejan de invitarte a las
cenas porque, a la menor ocasión, te colocas en modo "pitonisa".
Se trata de un campo muy amplio que abarca
multitud de creencias y prácticas, desde la adivinación del presente, hasta la
curación por transferencia bancaria. Llegados a este punto queda clara una
cosa: es mejor vivir de X que para X. Por lo tanto, no sigas una creencia absurda
que sólo te proporcionará humillación y burlas. Créala y vive de ella. He aquí
unos cuantos consejos para lograrlo:
- Todo vale si se trata de impresionar al personal. Nunca saldrá en los periódicos alguien que reivindique el reposo para superar la gripe, pero sí un visionario que garantice la vida eterna por caminar hacia atrás. Sé original.
- El esoterismo tiene su piedra de toque en el misterio insondable que lo envuelve. Es decir, se trata de propagar una teoría que no tenga ni pies ni cabeza; que sea tan absurda que no pueda rebatirse. Por ejemplo, has descubierto que ciertas hormigas pueden predecir el futuro del ser humano. Coge un colador de aluminio y ponle unas antenas de TV vintage. Eso te conectará con el -atención, palabra nueva- área formiconírica que utiliza esa especie para comunicarse entre sí, y que te permitirá charlar con ellas de lo que sea.
- El punto anterior entronca directamente con la esencia del tercer consejo: no temas hacer el ridículo. Cuanta más burla recaudes en tus apariciones, más se hablará de ti. Recuerda: No vas a vivir de los que se mofan, sino de los que piensan "¿Y si...?". Ahí está el pan.
- Por último, y a pesar de que no pretendas el beneplácito de la revista Science, nunca estará de más guardar en la recámara cuatro frases para defenderte de los que quieran desenmascararte en público. Por ejemplo, este podría ser un diálogo al que te enfrentes:
—Demuéstrame que puedes contactar con las
hormigas —te retará el escéptico en un programa comarcal de TV.
—Si me das cincuenta euros te lo demuestro.
Como estará ansioso por humillarte, te
soltará el billete con una sonrisa de suficiencia.
—Venga. Estoy esperando tu demostración.
—Vamos a ver. ¿Tú le darías cincuenta euros
a alguien que no fuera capaz de algo así?
—¡Por supuesto que no!
—Sin embargo, a mí acabas de dármelos. Por
lo tanto, según tu criterio, sí que soy capaz.
Cuando eso suceda, lo normal es que el
contertulio se quede con cara de tonto o se levante y os liéis a tortazos ahí
mismo. En ambos casos saldrás en un refrito de zapping que aumentará tu fama.
De nada.
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