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QUÉ HACER SI TE PERSIGUE UN OSO

bubú sangriento

Manual para escapar de un oso

Debo confensar que en la vida me había preocupado el tema, pero últimamente los documentales de sobremesa se han vuelto monotemáticos: que si el oso polar por aquí, que si el Grizzly por allá. Lo cierto es que cuando vi una escena en la que un enorme oso perseguía a un pobre ciervo, en un momento indeterminado de mi siesta, por un verde y frondoso prado que descartaba los Monegros, me quedé asombrado de la velocidad que alcanzaba aquel bicho. Rápidamente concluí que en campo abierto ese animal me cazaba en tres segundos.
"No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico"
Sin embargo, siempre habrá algún arbolito al que subirse, me tranquilicé enseguida. ¡Error! estas bestias trepan como ardillas a pesar de sus cuatrocientos kilos. No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico. A pesar de todo me volví a tranquilizar con la idea de que si me pillaba cerca de un lago o en la playa, con meterme en el agua asunto resuelto. ¡Error de nuevo! Eso es lo pero que puedes hacer ("peor", quise decir: me entra miedo y escribo "pero"). Un oso aguanta más que una foca en el agua. Puede nadar durante días. "Pues buceo", pensará alguno. Descansa en paz, insensato. Bucean como dioses. "¿Entonces?", os quejaréis la mayoría. Bien, lamento deciros que si no lleváis encima un lanzagranadas o cincuenta kilos de la mejor carne vacuna, saldrá el rótulo "game over", a no ser que tengáis la suerte de que os pille en zona urbana. En ese caso buscad un Starbucks y meteos en él: a los osos no les gusta el café.

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