Ir al contenido principal

LA MAQUINILLA DEL TIEMPO

No. No me refiero al smart watch que llevas en la muñeca y te avisa de cuándo toca ir al baño (sacar el tema), sino a la que, hipotéticamente, debería permitirnos viajar por otras épocas. Ah! Si yo fuera capaz de algo así. Justo hoy, que salía la esquela de mi añorado James Last. Digo añorado porque admirado me parecería faltar a la verdad. Su música era positiva y sencilla, "easy listening". Vamos, la música que escuchas en el pasillo de lácteos o en el ascensor, pero que también  me acompañó en muchos viajes al cole a través de una cinta que estaba como soldada al casette.
"Registraría el logo de la manzana de Apple"
Volver a esa época que a veces odiaba, pero como un visitante del futuro, con todas las combinaciones de la lotería y unos cuantos inventos en la manga, sería una experiencia maravillosa. Lo primero que haría es registrar el logo de la manzana de Apple; luego convencería al Fary para que interpretara Billy Jean, el futuro gran éxito de Michael Jakson. Por último, me daría dos hostias bien dadas a ver si espabilaba de una vez. Pero seamos realistas, eso es algo que no se conseguirá hasta dentro de, como mínimo, dos años; seis meses si entra en el proyecto Corea del Norte. Sin embargo, hay algo más accesible e igual de importante. Se trata de viajar al presente. Para muchos, conseguir algo así significaría darse cuenta de con quién están hablando, o encontrar papeleras para todo lo que tiran al suelo mientras pasean y que, al estar en otro plano temporal, no son capaces de percibir. Son legión quienes transitan por el mundo ignorando las necesidades del prójimo. En fin, lograrlo representaría un gran paso para sincronizar a esa parte de la humanidad con el resto. La ciencia lo llama alteración diacrónica, pero popularmente se conoce como agilipollamiento.

Comentarios

Entradas populares de este blog

MANUAL DE USO - SUSHI

Sushi, wasabi, maki, nigiri, sashimi... . Aprenderte estos nombres no te servirá de nada si cuando llega la hora, sentado frente a un soberbio sushi de atún, le pides al cocinero que te lo pase un poquito más por la plancha. Eso es motivo de ruptura yendo con pareja. Tampoco hay que dejarse llevar por la fantasía y los clichés nipones. Hay quien piensa que leyendo manga y comiendo sushi ya es medio japonés. Aguanta el tipo con catorce sakes en el escenario de un karaoke y comenzamos a hablar de nacionalidades. El ingrediente principal de un sushi no es el pescado crudo ni el arroz glutinoso, como pudiera pensarse, sino la imaginación galopante de quien lo toma. Nuestro inconsciente se pregunta “¿llevará anisakis? ¿Por qué me estoy comiendo un pez crudo si yo siempre me pido la hamburguesa requemada? Por lo demás, no hay más consejos ni instrucción que abrir la boca y masticar. El resto es sentido común: si ves un trozo de sushi corriendo por el plato déjalo que se vaya. ...

QUÉ HACER SI TE PERSIGUE UN OSO

Manual para escapar de un oso Debo confensar que en la vida me había preocupado el tema, pero últimamente los documentales de sobremesa se han vuelto monotemáticos: que si el oso polar por aquí, que si el Grizzly por allá. Lo cierto es que cuando vi una escena en la que un enorme oso perseguía a un pobre ciervo, en un momento indeterminado de mi siesta, por un verde y frondoso prado que descartaba los Monegros, me quedé asombrado de la velocidad que alcanzaba aquel bicho. Rápidamente concluí que en campo abierto ese animal me cazaba en tres segundos. "No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico" Sin embargo, siempre habrá algún arbolito al que subirse, me tranquilicé enseguida. ¡Error! estas bestias trepan como ardillas a pesar de sus cuatrocientos kilos. No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico. A pesar de todo me volví a tranquilizar con la idea de que si me pillaba cerca de un lago o en la playa, con meterme en el agua asunto ...

MANUAL DE USO - CÓMO DETENER EL TIEMPO (II)

En 1965 se realizó en las islas Froilán un experimento con un aborigen. Se le colocó en una cápsula espacial con destino a la luna. La nave no aterrizaba ahí, sino que circunvalaba el satélite y regresaba al mismo lugar. Le preguntaron entonces qué tal el viaje. Según consta en los registros y, tras cagarse en la madre de todos los presentes, el astronauta describió el trayecto como interminable, bastante incómodo, sobre todo porque se habían dejado un par de monos dentro. Repitieron el proceso unas cuantas veces más. En total, enviaron al isleño ciento cuarenta veces a la luna. Las últimas veces, y como ya comenzaban a recortar fondos para el proyecto, se limitaban a meterle en la cápsula y zarandearla simulando el despegue. Luego le dejaban ahí dentro una semana. El caso es que, al final, resultó que hasta le gustaba. El hombre aseguraba que el tiempo le pasaba volando, y eso que no tenía referencias visuales, al carecer de ventanas. La conclusión de la investigac...