Te acaba de llegar un mensaje invitándote a
participar en una excursión de dos días por el Pirineo francés. En primer lugar
estudia detenidamente el texto. Fíjate bien donde pone “kilómetros” y compara
el paseo dominical para buscar el pan con esa distancia. Si la diferencia
supera los treinta kilómetros declina amablemente la propuesta, porque las
ampollas que te saldrán en los pies podrían dar cobijo a una familia esquimal.
En el caso de que mantengas cierta forma física gracias al deplorable estado de
tu ascensor o al robo de bolsos, examina si aparecen las palabras
"desnivel positivo". De ser así, alerta! A esa excursión van a ir
adictos al paisaje, gente que necesita subir muy alto porque echa de menos el belén navideño.
Otro detalle importante está en la duración
del evento. Deambular por la montaña más de un día esconde una peligrosa carga
de profundidad: el refugio, ese lugar donde presumiblemente deberías descansar
hasta el día siguiente, y en cuyo dormitorio aguardan veinte roncadores
profesionales apuntándote con sus culos. Ese es un chiste que la primera vez
nunca hace gracia. Por otro lado, uno de los mayores placeres para el guarda de
un refugio que permanece aislado durante meses conversando sólo con rebecos,
consiste en que se le acerque un lechuguino de la ciudad con la tez blanquecina
y le pregunte dónde está la taza o, mejor aún, el bidet.
Ahora la cuestión más importante: Quién te
invita a la excursión. Si se trata de alguien con quien pretendes compartir
tostada habrá que valorar pros y contras. A tu favor, que en algún momento del
fin de semana se producirá el anhelado roce que precede al cariño, aunque sea
en un dormitorio compartido con orcos. En tu contra, que tal vez salgan a la
luz importantes carencias físicas que delaten tus super poderes como ameba. Por
mi experiencia, te diré que aceptar humildemente las propias limitaciones queda simpático. Sé natural.
Si la propuesta viene del jefe, olvida los
consejos del párrafo anterior. Busca una excusa o finge un esguince nada más
comenzar, porque en estos casos lo que buscan es extrapolar tus aptitudes en la
montaña al mundo laboral. Capacidad de sacrificio, adaptación al medio,
espíritu de superación, resistencia física... Cualidades que, en cierta
multinacional, convirtieron al Yeti en empleado del mes.

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