Un buen teleoperador debe ser capaz de articular doscientas palabras por
minuto sin dejarse interrumpir. Debe también ser inmune a improperios y
amenazas de todo tipo. Cordial pero insistente, sólo empatizará con la cuenta
corriente de la víctima, nunca con su edad avanzada o la artritis que le impide
estar mucho rato de pie. ¿Qué hacer ante alguien así? ¿Con qué armas cuenta un
usuario que no ha sido instruido en campos de adiestramiento comercial? Desde
aquí, y sin posibilidad de aplicar técnicas de programación neurolinguística,
poco puede hacerse, pero ahí van unos pequeños trucos que podrían funcionar.
Ante la llamada de un comercial siempre hay que negar la propia identidad.
Es decir, no somos ni fulanito de tal, ni el señor/a de la casa, ni el gerente
de la empresa X; aunque si nos pilla con la guardia baja utiliza los siguientes
recursos:
- Eres un loro y sólo sabes decir “sí” y repetir lo que oyes. Aderézalo con un “loriiiiito”. Atención: estos animales nunca ríen.
- Asegúrale que trabajas en lo mismo y ofrécele algo mejor.
- Eres un ladrón y estás en pleno atraco.
- Coméntale que se va a poner tu conejo, que es quien lleva estos temas.
También te será útil tener siempre a mano una bola de papel de estraza y
estrujarla junto al auricular simulando interferencias.
Otra herramienta magnífica es la pistola de fogueo. Haz ver que alguien
aparece de pronto y te dispara. Tranquilo, no llamará a la policia porque ahí
ya no le cogen el teléfono.
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