Invadir un país no es tan fácil como aparece
en las noticias. Hace falta práctica y organización. Lo mejor es comenzar
por cosas pequeñas. Por ejemplo, invadiendo la intimidad de algún amigo o el
jardín del vecino. Cuando estemos seguros de que valemos para esto es el
momento de lanzarnos. Qué hace falta:
Opción A
Opción A
-Un ideólogo. Aunque se utilizan más para
invasiones dentro de casa, los ideólogos van bien para crear un ambiente
propicio. El mejor lugar para calentar a la población es desde las tertulias
televisivas. Que si el país vecino nos roba tomates en los huertos de la frontera, que se traen la comida cuando vienen de turismo, etc.
-RRSS. Un aspecto innovador lo constituyen las redes sociales. Hazte un perfil atractivo, con un nombre sugerente, que suene bien en la mayoría de idiomas y dé una idea de por dónde van los tiros. Por ejemplo, Carlos Winner III.
-Una percha. Esto es básico. Alguien con
arrugas en el uniforme no inspira confianza, aunque la percha no es para colgar
la chaqueta, sino para llevarla puesta y que se te vea más cachas.
-Un ejército. Claro, esto puede ser difícil si no diferencias un cabo de una cuerda y lo más cerca que has estado del mundo militar ha sido viendo “Salvar al soldado Ryan”. Lo mejor entonces será que valores la opción de un ataque hacker, que también tiene miga.
-Nada de homenajes a Gila llamando al presidente del otro país para preguntarle qué día le iría mejor una invasión. No invades una nación para hacer amigos, sino para saquearla.
-Tener a toda la comunidad internacional en contra no es motivo para perder las formas ni el estilo. Seamos educados en todo momento. Se acepta un punto de cinismo, sin estridencias. Acariciar un gato puede ir muy bien para coger el "tempo".
-Originalidad. Si quieres ser recordado en los libros de historia debes construir un personaje distinto de cuantos han pisado el "Hall of fame". Huye de estilismos napoleónicos; eso ya no se lleva en absoluto. La tendencia este año es hipster normcore. La identidad corporativa hazla con estética de los 70 y tonos pastel.
-Dinero. Con muchos millones podrías contratar mercenarios a porrillo, pero
calcula bien, porque igual no te salen los número. Veamos. Si, por ejemplo,
planeas invadir Francia desde España, necesitarás como mínimo un millón
ochocientos mil hombres armados y bien adiestrados, además de cuerpos de mando, becarios, material militar pesado y logístico, etc. La broma podría suponer
en los primeros dos meses alrededor de dos billones de euros, tirando bajo. Luego
estaría lo del mantenimiento, con un apartado importante en cápsulas nespresso o compatibles. Calcula diez mil millones más cada mes. ¿Cuánto
esperas sacar? Contando un impuesto del 10% para todos los vinos de Borgoña,
los quesos, las películas de Asterix y la recaudación del Folies Bergère,
seguramente tus ingresos no pasarían del billón y medio de euros. Seamos
optimistas y pongamos dos billones. Lo comido por lo servido. ¿De verdad
compensa tanto dolor de cabeza para tan poco beneficio?
Opción B
Opción B
-Si cuentas con un capital
astronómico, olvida cuanto hayas leído hasta ahora. No te hacen falta ni
ideólogos, ni ejército, ni nada que suene a matón de colegio. Limítate a
hacer lo mismo que hacen otras potencias: cómpralo. Es tan sencillo que hasta
da miedo. Pero es así. Ve adquiriendo comercio tras comercio, poniendo bazares, peluquerías...; no sé, lo que se te ocurra. Luego sigue con los bares, haciéndolo de manera silenciosa, sin tan siquiera cambiar la decoración de Casa Pepe. Así con todos y cada uno de los bienes que constituyen el patrimonio de un
país. Cuando por fin sea tuyo podrás cambiar hasta el abecedario. Bueno, modificando
antes la constitución, claro. Buena suerte !!
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