Un día u otro tenía que suceder. La enorme
caseta de obra con mesa para doce comensales, porche propio, barbacoa, encimera
con pica y baño para invitados que hiciste construir hace diez años, por fin va
a ser estrenada. Tras múltiples subterfugios, excusas y cuentos inverosímiles,
como aquella vez que simulaste un secuestro con los invitados en la puerta, te
has visto en un callejón sin salida al llegar a casa y encontrarte una fiesta
sorpresa con todos tus amigos, incluidos aquellos que llevas veinte años sin
ver y ni falta que hacía. Rompiendo el ritual, los invitados se aprestan a
darte los regalos antes de cenar. Ya puestos, y con un atisbo de ilusión porque
aún eres niño, vas abriendo uno por uno los diez paquetes que hay sobre la mesa
de la barbacoa virgen y, uno por uno, te das cuenta de que la noche es
monotemática. Pinzas, delantales, encendedores, parrillas... . Todos los
regalos están relacionados con esa puta barbacoa que no has encendido en la
vida y que ahora, diez años después y emulando a los Soprano, ha vuelto para
pedirte cuentas. Déjame darte unos consejos aunque ya sea demasiado tarde:
"Las barbacoas no son para el verano. Dedicarse a quemar animales muertos cuando el sol cae a plomo es suicida."
Las barbacoas no son para el verano.
Dedicarse a quemar animales muertos cuando el sol cae a plomo es suicida. Mira
a tu alrededor. No hay nadie cerca. Tus amigos están con la cerveza en la mano
y a cinco metros de distancia. No sólo te achicharras, sino que además te
aburres. Eso sí, cuando hayas terminado de churrascar hasta la última pieza de
carne podrás sentarte a comer; mientras, los demás te amenizarán con sus
eructos.
Una barbacoa no es una fogata de náufrago
con la carne en el extremo del palito. La mayoría de alimentos se cocinan
mediante las brasas, unas cosas super calientes que exigen atención constante.
Ni se te ocurra darles un beso. Tampoco es necesario quemar el Amazonas para
tres chuletas. El sentido común no es inflamable, puede estar contigo mientras
cocinas.
En fin, luego agradeces los comentarios
loatorios sobre lo distinto que queda el lomo de esta manera. Tu piensas que
sí, que tienen razón, porque todavía lo tienes ardiendo y dolorido de cargar
leña y acarrear las parrillas. Valora la opción del carbón vegetal.
A estas alturas ya debes de tener claro que
lo de “acto social” es una burda patraña. Con las dos horas que te ahorras cocinando con gas disfrutarás mucho más de la compañía. Ensaladilla, carne
rebozada y un buen vino o cerveza es suficiente. ¿Y qué hacemos con la
barbacoa? Coméntaselo a tu pareja. Te
apuesto diez contra uno a que termina con una planta encima.
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