Quieres filmar una película. Tienes una
buena idea, pero tu experiencia como director y el presupuesto de que dispones
se parecen a las pelis de James Bond: comienzan por cero cero. Por otro lado,
el argumento es bueno, o eso te pareció tras el tercer Redbull: un grupo de
zombies celebran una despedida de soltero. Después de una juerga descomunal, el
novio se da cuenta de que ha perdido la alianza junto con el brazo.
Bien. ¿Por qué gastarse un dineral en
cámaras profesionales cuando muchos espectadores la van a ver en pantallas
diminutas llenas de manchas? Filmar con el móvil tiene más ventajas que
inconvenientes. La principal es que no necesitas contratar y dar de alta en la
seguridad social a trescientas personas. Operador de cámara, técnico de sonido
o director de fotografía son palabras exóticas que aparecen al lado de las
tomas falsas. Además, nadie es capaz de leer unos créditos en el smartphone,
por muy grande que sea. Otra ventaja de filmar con el móvil es que puedes
realizar esa película sin que nadie se entere, con lo cual te sumarás a las
tendencias más actuales del cinéma vérité. Graba a tus amigos en todo momento y
circunstancia. Incluso de vez en cuando puedes intoxicarles un poquito para
lograr un aspecto más macilento y decrépito. Aprovecha sobre todo cuando
vomiten, especialmente en la calle. Si te encuentras en actos públicos, como
por ejemplo bodas o fiestas de aniversario, intenta crear estados de pánico e
histeria colectiva sin perder detalle. Filma a la gente corriendo despavorida
de un lado a otro del restaurante, tras colar al perro de tu cuñada con nata en
los morros, bajo el grito de “¡Tiene la rabia! ¡Corred!”. Si la celebración
transcurre en un jardín, coloca en el aspersor abundante tinta roja. Cuando le
des al grifo, esa lluvia sanguinolenta quedará genial sobre la blanca
mantelería de hilo y los invitados, especialmente en una fiesta ibicenca, lo
que conferirá a la escena un toque “Carrie” muy atractivo.
Han pasado unos meses desde que iniciaste la
peli -llámala filmación, que queda más “prof”-. Durante ese tiempo has perdido
un montón de amigos y media familia no te habla. Tranquilo, cuando comiences a
pisar photocalls la marea subirá de nuevo. Ahora estás en la fase de montaje y
post-producción. Céntrate en ella. Si tras varios días de trabajo te ves
incapaz de darle algún sentido a ese material delirante, no te preocupes. Haz
memoria. Lo que más recuerdas de cuando ibas al cine son determinadas escenas,
no los argumentos. Busca esas partes con más potencial y asegúrate de que
quedan perfectas. ¿Cómo? Es fácil. Si te falta algún plano o la secuencia no
termina de convencerte, por ejemplo la persecución en colchoneta, graba a través
del espejo cualquier escena de acción en la tele. Al estar del revés nadie se
dará cuenta.
Beneficios-
Hemos llegado al punto crucial de un
proyecto cinematográfico. Las cosas no se hacen porque sí; hay que ganar dinero
para que la gente te respete y reconozca que lo que has hecho es bueno, aún sin
verlo. Como ante cualquier canción, libro o película, la obligación del
consumidor potencial es obtenerla gratis, pero tú te has avanzado a esta
lamentable situación buscando espónsor entre los comerciantes del barrio. Así,
en la escena previa al ataque del perro rabioso, la protagonista recita todo el
menú del Mesón Churrasqueira en voz alta. O, tras devorar a alguien, el zombie
entrará en la farmacia de la esquina en busca de un antiácido. Aunque la mayor
fuente de ingresos provendrá de todas las personas que hayas filmado,
encantadas de figurar en un proyecto que, atención aquí, es preciso envolver
con elegancia. No es lo mismo contribuir en la financiación de una película
crowfunding en la que se participa como actor, que prestarle dinero al
repartidor de pizzas para un vídeo cutre. Y no olvides lo más importante.
THE END
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