Por supuesto que muchos discutirán semejante afirmación, aunque un
título tan categórico no olvida que hay bromas de muy mal gusto. Por
encima de eso, del pésimo sentido del humor que algunos se gastan, y
observando la obra en su conjunto, se intuye que la vida es una enorme y
delirante fantasía de esas que colocan una sonrisa en los espectadores
cuando les ves abandonando la sala de proyección.
"La vida es una enorme y
delirante fantasía"
Vale, ese cartaginés
de ahí sale de una batalla que ha sido una auténtica escabechina, pero
en el mismo instante que un afilado acero le bifurca de arriba a abajo,
comprende el irónico “non sense” de la vida, la torpe concatenación de
hechos que le ha llevado hasta ese punto, y se jura que si vuelve a
nacer ya nadie le engañará tan fácilmente. Por desgracia, parece ser que las anotaciones que vamos tomando a lo largo de la vida
desaparecen al morir, con lo que la historia esa del perfeccionamiento kármico no se sostiene por ningún lado. Conclusión: si te reencarnas veinte
veces en una sirena, veinte veces vas a terminar enamorada de Tom
Hanks.

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