El ser humano es, ante todo, una criatura
carente de lógica. En el fondo, sabe que el cargador de móvil que acaba de
comprar en el bazar de la esquina probablemente le queme el enchufe, y también
que la diferencia de precio respecto al comercio de electrónica o telefonía no
será tan importante, pero la idea de que cuanto más fea es una tienda mejores
precios tiene está profundamente arraigada en nuestro pensamiento.
En el antiguo Egipto, los compradores de esclavos ya buscaban a
los comerciantes más feos intuyendo un mejor precio. Dicho
esto, estás pensando invertir esa pequeña indemnización de tu ex empresa en un
negocio propio. Has investigado la opción de una franquicia pero, excepto la de mensajería en globo -que tu cuñado no ve nada clara-, la mayoría no te
seducen lo más mínimo. El otro día, en tu enésima incursión en uno de estos
establecimientos orientales, pensaste, medio en broma, que si fueras chino
montarías un negocio así. ¿Pero realmente hay que ser chino para eso? Si os fijáis, muchos de sus productos están fabricados aquí.
Entonces... ¿A qué esperas? Eso sí, toma nota de algunos buenos consejos si
quieres que tu local realmente parezca un BAZAR CHINO.
Lo más importante. Si vas a dirigirlo tú en
persona, y eres de Villanueva del Porrazo, con nariz de palmo y sotobosque en
la cara, no te preocupes. La mayoría de clientes sólo se fijan en cuatro
detalles para identificar a un chino:
- Usa ropa de bazar. Tiene que ser más rara que moderna.
- El pelo, cuanto más oscuro mejor. Aplasta el menor rizo sin compasión, incluso si eres calvo. El matojo del pecho, fuera.
- Mantén siempre los ojos entrecerrados, como con presbicia, y muestra al mismo tiempo una sonrisa un poco inexplicable, casi extemporánea. Eso no significa que debas parecer tonto. Los chinos no lo son en absoluto, pero la diferencia de culturas provoca a menudo interacciones confusas, en la tercera fase.
- Por último, el toque definitivo lo darán un par de niños chinos. No es necesario que te cases y tengas descendencia. Ofrécete como canguro. Tendrás ingresos extras y te vendrá muy bien exhibirlos en la entrada.
El segundo paso no es menos crucial. Debes
escoger un nombre. Tiene que ser obligatoriamente compuesto, puesto que en él
has de incluir la palabra “bazar”. No busques juegos inteligentes o con doble
sentido, tipo “Para Bazar un buen rato”. Tiene que ser el
equivalente a una figura polícroma de un hada azul con lucecitas intermitentes
y algo dorado por enmedio. Por ejemplo “Bazar Estrella iluminante”, que ya avanza cierta dificultad idiomática, e indica sin ambages por dónde van los
tiros estéticos. También se puede ir por la vía directa, a quemarropa, con un
nombre que casi absorba al viandante hasta el interior del comercio, estilo
“Bazar estoy Balato”.
Finalmente, el golpe de gracia y que
certificará que tu bazar es realmente chino, lo proporcionarán los productos
que vendas en él. Esto, que parece de perogrullo, no es tan sencillo. Con la
puñetera legislación europea, empeñada en cercenar la autenticidad de tantos
lugares, se están viendo cada vez más manuales bien escritos. Es imperativo que
realices una traducción paralela en casi todos ellos, no para entorpecer su
uso, puesto que la mayoría ni los lee, sino para que, en un primer vistazo, el
cliente pueda constatar que ese precio tan barato proviene de la nefasta
traducción, no de una hipotética merma en la calidad del producto. Por ejemplo,
donde pone “Introduzca el aparato en el soporte para proceder a la carga de la
batería”, tu pon “Traiga el negro aparador que mete battery charger en mandril
del culo” .
Nada más. Te deseo mucha suerte y, repite
conmigo, “Mal uso. No cambio”.

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