El resto de animales no lo dice, pero todos
piensan que el hombre es un efecto secundario de la evolución. Teniendo en
cuenta que un montón de ellos termina en una lata de conservas, parece
razonable y hasta moderada su opinión. Ahora bien, si se nos considera un
efecto indeseable, ¿qué pasa entonces con mosquitos o bacterias (las que no curran en Danone)? Quizá el mayor problema para este planeta no sean los
efectos secundarios sino los “fecundarios”, ya que algunas especies nos hemos
multiplicado a base de bien. Se siente. Además, cucarachas y ratas nos superan
en número, seguro, pero ¿dónde han llegado? Por supuesto, cuando alguien dice
que la naturaleza es sabia está condensando toda la ignorancia del universo en
una sola frase. La naturaleza es tan inteligente como una consulta popular. Lo
único que necesita es dos ejemplares y un preservativo agujereado para
procrear. Luego, el croupier del genoma tira la bola, sale 35, impar y con
pulgar doble; ese nuevo ejemplar se adapta mejor a las consolas de Nintendo y
sobrevive al resto de jugadores. El azar es tan fundamental en nuestra
existencia que no se comprende un número tan bajo de loterías y casas de
apuestas.
Llegados a este punto, si pudiera grabar en
una piedra algunos consejos para optimizar la evolución de nuestra especie
serían más o menos estos:
- No matarás (explícitamente).
- No chikicharás con la mujer de tu cuñado.
- No verterás en la red de aguas toneladas de estrógenos.
- Honrarás a tus células madre.
- No adorarás los suplementos científicos del periódico.
- Finalmente, no te descargarás ninguna app que te permita customizar a tus futuros hijos.
Como dice Agatha Ruíz de la Prada, "Dejemos el diseño de las cosas
al azar".

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