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MANUAL DE USO - CENA DE COMPROMISO


El primer paso en la elaboración de una cena así es intelectual. Piensa qué impresión quieres causar en tus invitados. Si lo que pretendes es que no vuelvan, baja a la calle (o sube, dependiendo de dónde vivas), coge unas cuantas cosas del container, eso lo dejo a tu elección, y ya no hace falta que sigas leyendo.
En el caso de que quieras impresionarles positivamente (pongamos 2 parejas hetero, una gay y el/la soltera sarcástica de turno, por utilizar criterios de chic lit), te recomiendo el siguiente menú:
Como entrante-aperitivo huye de las consabidas patatas y aceitunas y céntrate en una declaración de intenciones. Te recomiendo, por ejemplo, barritas de philadelphia con un fideo al dente en uno de sus extremos, todas ellas sobre un charco de ketchup. El emplatado no debe dejar resquicio a la imaginación; debe ser explícito. Si no les queda claro de qué se trata coloca una caja de tampax bien cerca. Otra opción podría consistir en recrear supositorios de glicerina, pero lo considero más complicado.
"Debes conseguir una experiencia inédita en su paladar que, como bien sabrá quien haya rellenado una botella gran reserva con Don Simón, en los bocazas es más grande"
Cuando los tengas bien distendidos ya puedes entrar con el plato principal. Mi sugerencia se coloca en las antípodas de cualquier cosa que pueda sonarles ni remotamente. Debes conseguir una experiencia inédita en su paladar que, como bien sabrá quien haya rellenado una botella gran reserva con Don Simón, en los bocazas es más grande. Teniendo en cuenta lo barato que se ha vuelto viajar y que la gente lo ha probado casi todo, no se me ocurre más que el "plato caníbal". Claro, aquí puede producirse un conflicto ético legal, además de la dificultad para encontrar esa materia prima en los mercados, por eso recurrimos de nuevo al trampantojo, tan de moda entre los chefs, para crear un "falso fiambre".
El falso fiambre.
Este plato es extremadamente sencillo. Le pediremos a nuestro carnicero un solomillo de cerdo XL. Compramos también cebollas, zanahorias y el resto de cosas habituales en los guisos. Luego nos acercamos por algún outlet que esté cerca de casa y, con la excusa de probarnos cualquier saldo, chorizamos el antebrazo del primer maniquí que se ponga a tiro. Llevarte algo así es fácil porque no incorporan alarma. El día de la cena, colocas el brazo en la fuente con la guarnición y lo riegas abundantemente con salsa, reservando el solomillo. Sales al comedor con gran ceremonia y les muestras el plato, procurando que se vea bien la mano y alguna verdurita entre los dedos. Ten cerca agua fresca, trapos y el sofá despejado porque algún invitado necesitará estirarse un rato. Cuando las risas histéricas amainen, llévate la bandeja a la cocina con la excusa de emplatar debidamente. Es el momento de utilizar el solomillo. Ve cortando con la tranquilidad de que ya nadie notará el sabor a cerdo, aunque si detectas algo de escepticismo siempre puedes echar un poco de desodorante barato por encima. Nadie en esa mesa olvidará jamás semejante cena y eso, en definitiva, es lo que ansía cualquier anfitrión ¿no?


* Por supuesto, la mesa debe estar engalanada hasta el más mínimo detalle. Manteles de hilo y servilletas a juego; cristalería de Baccarat y cubiertos de fina plata labrada, atados a la mesa, son elementos imprescindibles para una noche que debe resultar memorable.

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