Ir al contenido principal

MANUAL DE USO PARA ASISTIR A LA ÓPERA


Para empezar, y por mucho que se hayan relajado las normas de etiqueta en el Liceo, si vas a la ópera deja las chanclas en casa. Tampoco es prudente cenar copiosamente. El cuerpo debe hallarse ingrávido, despiertos los sentidos y receptivo el espíritu. Un cochinillo crujiente relleno de foie y ostras, antes de acudir, no es la mejor opción.
Puede ser que el estereotipo que tengas de este espectáculo salte por los aires ante la versión del moderno de turno, capaz de colocar a los personajes de la Traviata en una fiesta de la espuma. Reprime tus impulsos de soltar una carcajada. Aunque te parezca que sí, ese atrevido montaje no busca hacer reír al público, sino irritarle. Observa con respeto la entrada en escena del orondo tenor, con unos años ya, llegando en skate al escenario y a un tris de terminar en el foso de los músicos si no es porque la soprano le detiene. Ese hombre es un profesional que acepta siempre cualquier reto con tanta humildad como pasión. Pero no te confundas, la ópera es un arte antiquísimo que tiene sus rituales y costumbres. Ni se te ocurra pasear la llama o la pantalla del móvil en lugar de aplaudir.
Dicho lo cual, asistir a la ópera también puede representar un lugar donde trabar interesantes amistades. Si tienes la fortuna de sentarte junto a una persona atractiva y sin pareja, abre una bolsa de kikos y ofrécele unos cuantos. Seguro que a partir de ahí surgirá una animada conversación que podría llevar a algo más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

MANUAL DE USO - SUSHI

Sushi, wasabi, maki, nigiri, sashimi... . Aprenderte estos nombres no te servirá de nada si cuando llega la hora, sentado frente a un soberbio sushi de atún, le pides al cocinero que te lo pase un poquito más por la plancha. Eso es motivo de ruptura yendo con pareja. Tampoco hay que dejarse llevar por la fantasía y los clichés nipones. Hay quien piensa que leyendo manga y comiendo sushi ya es medio japonés. Aguanta el tipo con catorce sakes en el escenario de un karaoke y comenzamos a hablar de nacionalidades. El ingrediente principal de un sushi no es el pescado crudo ni el arroz glutinoso, como pudiera pensarse, sino la imaginación galopante de quien lo toma. Nuestro inconsciente se pregunta “¿llevará anisakis? ¿Por qué me estoy comiendo un pez crudo si yo siempre me pido la hamburguesa requemada? Por lo demás, no hay más consejos ni instrucción que abrir la boca y masticar. El resto es sentido común: si ves un trozo de sushi corriendo por el plato déjalo que se vaya. ...

QUÉ HACER SI TE PERSIGUE UN OSO

Manual para escapar de un oso Debo confensar que en la vida me había preocupado el tema, pero últimamente los documentales de sobremesa se han vuelto monotemáticos: que si el oso polar por aquí, que si el Grizzly por allá. Lo cierto es que cuando vi una escena en la que un enorme oso perseguía a un pobre ciervo, en un momento indeterminado de mi siesta, por un verde y frondoso prado que descartaba los Monegros, me quedé asombrado de la velocidad que alcanzaba aquel bicho. Rápidamente concluí que en campo abierto ese animal me cazaba en tres segundos. "No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico" Sin embargo, siempre habrá algún arbolito al que subirse, me tranquilicé enseguida. ¡Error! estas bestias trepan como ardillas a pesar de sus cuatrocientos kilos. No son fofisanos, sino Freddy Krueger acolchado y con hocico. A pesar de todo me volví a tranquilizar con la idea de que si me pillaba cerca de un lago o en la playa, con meterme en el agua asunto ...

MANUAL DE USO - CÓMO DETENER EL TIEMPO (II)

En 1965 se realizó en las islas Froilán un experimento con un aborigen. Se le colocó en una cápsula espacial con destino a la luna. La nave no aterrizaba ahí, sino que circunvalaba el satélite y regresaba al mismo lugar. Le preguntaron entonces qué tal el viaje. Según consta en los registros y, tras cagarse en la madre de todos los presentes, el astronauta describió el trayecto como interminable, bastante incómodo, sobre todo porque se habían dejado un par de monos dentro. Repitieron el proceso unas cuantas veces más. En total, enviaron al isleño ciento cuarenta veces a la luna. Las últimas veces, y como ya comenzaban a recortar fondos para el proyecto, se limitaban a meterle en la cápsula y zarandearla simulando el despegue. Luego le dejaban ahí dentro una semana. El caso es que, al final, resultó que hasta le gustaba. El hombre aseguraba que el tiempo le pasaba volando, y eso que no tenía referencias visuales, al carecer de ventanas. La conclusión de la investigac...